el códice secreto, de lev grosman.
Cierto.Después de tanta basura que se apuntó al carro del éxito de El código da vinci, una novela con el título de "El códice secreto" no mueve al entusiasmo precisamente.
Pero ojo, no se trata de una absurda trama pseudohistórica-esotérica de garrafón.
Sí, hay una búsqueda de un libro medieval perdido, y suspense y personajes enigmáticos.
Pero en realidad el libro habla de otra cosa. De la necesidad de la fantasía., de la literatura como escape, de la fascinación por los libros como guardianes de la voz de los muertos. Y lo hace utilizando sutilmente las peligrosas armas de la metaficción, pero sin que se note.Porque el periplo de su protagonista en busca del misterioso códice perdido es en realidad un reflejo de la búsqueda del grial(un viaje iniciático, al fin y al cabo) que a su vez es uno de los temas principales del códice que busca.Y la relación de fascinación que la duquesa que la ha mandado buscar el códice ejerce sobre el protagonista es un reflejo de la verdadera historia que se encuentra encerrada en el códice. Pero tranquilos, todo esto se nos cuenta con una trama adictiva, con personajes que son más que meros estereotipos por mucho que actuen como reflejos de arquetipos literarios, adaptados incluso al mundo de los juegos de ordenador(fascinante el juego al que Edward, el protagonista, se hace adicto, y que es por supuesto un eco del libro que está buscando y de su propia búsqueda.No sé si se entiende algo de lo qe estoy diciendo).En definitiva, la novela habla sobre la vigencia de los mitos o de los arquetipos como reflejos de nuestras zozobras existenciales.
Y he ahí donde esta novela alcanza su grandeza, en desmontar esos arquetipos con una mirada melancólica, en mostrarnos como la realidad está ahí fuera, en ese lugar hostil que habitamos cada vez que cerramos el libro que estamos leyendo.
Pero que en cualquier caso la búsqueda, la lectura, merece la pena.
Por mucho que la duquesa por la que el hèroe lucha le espere finalmente con las maletas hechas y lista para marcharse.
Sin él, por supuesto.
Siempre sin él.